domingo, 10 de julio de 2011



MIRADA INMENSA.


Cómo todos los días lunes, el sol esta oculto pero yo radiante porque comienza la semana llena de luz.
- Pequis toma tu abrigo y el de tu hermanito y cuando llegue el transporte se lo pones arriba de su cabeza, recuerda que aún le queda algo de gripe.
Tomé los abrigos pero con pocas ganas. Me molestaba saber que tenía y debía ser la "hermana mayor"y con este pensamiento nos fuimos. Cuando nos montamos en el transporte tiré de su brazo con más fuerza que de costumbre.
- Hay Pequis. ¿Qué te pasa?
No le respondí ni le di importancia a la protesta de la carga que mamá me había impuesto.
- ¡Buenos días niños! Espero y son mis mejores deseos que esta nueva semana provecho y de aprendizaje para todos, incluyéndome.
De esta forma empezó la semana con la nueva maestra, nos habían dicho que vendría de otro colegio porque ya la maestra Mery estaba jubilada y necesitaba quedarse en su casa para... tal vez cuidar sus gatos, eso era lo que siempre decía: estar en su casa con placidez y cuidara a sus queridos animales.
Susy me miró cuando terminó de copiar las tareas para el hogar y con una seña en sus ojos y en su dedo nos sentamos afuera a esperar que vinieran por nosotros.
- Es bonita la nueva maestra y me gustó mucho la historia que narró sobre los conquistadores.
- Huy si que interesante cuando contó sobre Montesuma o algún nombre así, el de México me hizo sentir que yo estaba allí al lado de ese cacique guerrero que amaba tanto a su cultura que cómo dejo la maestra.
Esa era la charla que teníamos cuando vi que llegaba mamá muy apurada al bajarse del taxi.
- ¿Pequis esta todavía en la enfermería tu hermano?
Me quedé estupefacta.
Salió del fondo del pasillo la doctora con mi hermanito agarrado suavemente de l mano.
- Señora no se preocupe solo fue un pequeño golpe que se dio al bajar del transporte. Tendrá un pequeño morado por varios días y nada más.
Mamá lo tomó entre sus brazos y mientras lo abrazaba los ojos de mi pequeño hermanito se posaron en mí, y sin decir palabras me dijo:
- Soy valiente me duele mi brazo pero también sé cómo se guarda un secreto.
Me llené de ternura y le devolví mis palabras mudas.
- ¡Cuánto te pareces al guerrero montezuma lleno de valor.