
PEQUIS Y LAS PREGUNTAS.
- ¡Siempre haciendo preguntas Pequis!
Esta era la respuesta común que daba mamá, creo que ella no tenía nunca una respuesta para mi.
Ese día la había preguntado sobre Dios.
Empezaré por el principio; mi amigo Luis había tenido mucha fiebre y por eso lo habían llevado al doctor, éste sólo dijo que estaba delicado y sin más.
-¿Por qué Dios permite qué Luis siendo mi amigo favorito este encerrado en un cuarto de hospital?
Cómo no tuve contestación de la boca de mamá comencé a indagar. Salí a la calle para ver sí veía a alguien que ademas de acompañarme me ayudara en mi preocupación.
-Hola Pequis - me dijo el señor que vendía las más deliciosas tortas caseras que había probado en mi vida.
- ¿Cómo ha estado la venta hoy?
- Bueno, gracias a Dios ya me quedan tres y mire que hoy llevaba treinta y dos.
- ¿Usted dice gracias a Dios? no entiendo cómo usted no se cansa de andar todos los días en ese trajín de llevar tortas a tantas parte y ademas decir eso...
- Mira hija aquel pajarito que vuela de rama en rama.
- Si, yo lo veo.
- ¿Tu crees que Dios no lo ve cómo lo ves tu?
- Por supuesto, en la escuela en la clase de religión me han dicho que él siempre nos ve porque siempre esta a nuestro lado.
- ¡A todos¡ no solo a ti y a mí. también ve que los pájaros todos los días, luego de buscar su alimento vuelan hacía sus nidos.
- Los pájaros sienten igual que los humanos y las plantas porque son seres vivos.
El señor tortero- así lo llamábamos todos por no saber su nombre- me sonrío y me dijo.
- Niña... cuánto has aprendido en la escuela eso también es una muestra de Dios.
En ese momento cayó un pequeño nido de alguna rama. Corrimos a rescatarlo y lo pusimos en una que creímos la más conveniente, vimos que un pájaro se acercó pero siguió su vuelo.
-¿Usted cree que era de ese pájaro y no lo vio?
- Bueno no lo sé, pero sí así fuera hicimos bien.
- Entonces: ¡podemos ayudar a Dios!
- Claro, ya lo hicimos, el dueño de ese nido estará feliz.
Nos sentamos en la acera y él sacó una de las tres tortas que le quedaban y la compartimos mientras observábamos sí venía algún otro pájaro.
Y, en efecto un lindo pájaro trinó en el nido. Con una gran mirada el señor tortero se despidió con una sonrisa y estas palabras:
- Que Dios te siga acompañando siempre.
Salí muy contenta a la casa de Luis porque vi que venía con sus padres de vuelta a su casa.