lunes, 13 de septiembre de 2010

Episodios de Pequis.



Primera narrativa:

Mi carita.


Bueno... siendo yo de apenas tres años un día estavo en nuestra casa, la cual comparto con mis dos hermanos y mi madre, un viejo tío llamado Raúl, quien quiso jugarse conmigo.
-Raquel que grande estás, ya hasta puedo sentir tu aliento en mi estómago, pero también veo que tus pecas crecen, ya no son pequeñitas sino ¿pecones? No, tampoco son tan grandes entonces vamos a llamarlas: Pequis, que no son tan grandes ni tan pequeñas; tal como son las tuyas. Si, es perfecto.
Pequis.
Desde ese día comenzó mi nuevo nombre, todos empezaron a llamarme así. De esto hace aproximadamente cuatro años. Como están notando ya no soy tan pequeña.
Voy a narrar ahora las consecuencias de mi nombre. Un vecinito muy revoltoso escuchó por casualidad que así me llamaba mamá por encima de la reja de nuestra casa.
-¡Pequis, por favor puedes entrar para que ayudes a Julio en seu tarea de matemáticas en la cual nisiquiera sabe cúanto es dos más dos! entra rápido antes de que ponga un total de tres.
Luisito escuchó esto y gritó a través de su ventana.
-¿Pequis, así te llamas o te lo dicen por saber tanto de números?
Luego de mi primera rabia porque sabían mi sobrenombre entré y le dije a mi madre.
-Luisito el baboso acaba de escuchar lo que dijiste y me hizo burlas por lo de Pequis.
Después de ayudar a Julio, qué como ya deben saber es mi hermano menor, salí como de costumbre a jugar con los otros niños a las escondidas.
Carmen Luisa comenzó librádose. Siguió José Antonio, yo estaba detrás del carro del papá de Carmen Luisa. Luisito gritó.
-Pequis trata de esconderse, pero sus grandes pecas la descubren, apenas asoma su cara y ya salen sus pequis.
Al decir esto todos se echaron a reír y, por supuesto nadie logró librarse sino que corrieron al lado de Luisito para preguntar.
-¿Quién es Pequis? Cuéntanos cómo es ella, seguro que algo así como un fantasma que asusta con su cara toda pintada.
Con una risita entre los labios dijo a todos:
-Les apuesto de que quién se trata no ha salido aún, claro-y botó la carcajada que estaba escondida entre sus desiguales dientes- no quiere ser vista para que nadie sepa quién lleva ese nombre que la describe tal cual es.
Yo asustada bajé mi cabeza debajo del carro donde estaba escondida sin percatarme que por debajo de éste había mucha grasa se carrocería.
Pasaron algo así como tres minutos, que a mí me parecieron cómo tres días, en los cuales podía escuchar las rechiflas de todos.
Fue Carmen Luisa quien dijo lo que a mi me pareció una sentencia a muerte.
-Contemos quiénes comenzaron este juego: por supuesto Luisito, Linda, Clarita, Carlos...
Yo escuchaba y sabía que ya estaba descubierta y, armándome de valor salí poco a poco y mis pies empezaron a llevarme al encuetro de todos. Entonces vi con extrañeza que abrían los ojos encrédulos; y sin más que hacer dije.
-En mi casa me dicen así por las pecas que tengo en mi cara.
Todos estallaron de risa.
-No creo que sean tan pequeñas, si ni siquiera sé dónde estan tus ojos, toda tu cara esta llena de pecas, pero no las creo naturales. ¿Las conseguirías debajo de tu escondite?
No comprendí. Pasándome las manos por la cara noté el gran error. Sí hubiera salido antes y dejar que vieran mis manchitas no se hubiera ensuciado de esa forma mi cara.

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